Presencia inolvidable:
JFK

Se cuenta que, en el primer debate presidencial de la historia (televisado), llevado a cabo el 26 de septiembre de 1960 en Estados Unidos, entre John F. Kennedy y Richard M. Nixon, la “clase” fue un factor determinante, ya que marcó la diferencia entre quién ganó y quién perdió, y en ese sentido cambió el curso de la historia.

En el debate aparecieron sus dos protagonistas: por una parte, Kennedy, con un impacto visual atractivo e imagen carismática de hombre compasivo.  Por la otra, Nixon (aunque con mayor experiencia en materia política), lucía enfermizo y desgastado, a causa de problemas de salud previos al aludido episodio.

Sumado a lo anterior, se relatan sobre algunos errores y aciertos de cálculo relacionados con la imagen pública, a saber: el traje gris que portaba Nixon se fundía con el fondo recién pintado del estudio.  Paralelamente, los camarógrafos (en repetidas ocasiones) sorprendieron a Nixon secándose transpiración de la frente.  Se veía arrinconado y sacudido.  Mientras que, Kennedy, se veía magnífico frente a las cámaras.

A posteriori, los críticos comentaron que la gente que escuchó el debate por radio pensó que Nixon había dominado el evento, mientras que los millones que lo vieron por TV consideraron a Kennedy el claro ganador. 

Había una razón simple.  Nixon tuvo una excelente exposición verbal de sus ideas (un discurso rico en contenido), pero Kennedy tenía —o parecía tener— una abrumadora ventaja de clase.  La ventaja de clase de Kennedy fue que parecía genial, calmo, confiado y en control.  Eso fue todo.

Conclusiones:

  1. Las acciones de una persona no deben basarse en la inseguridad, eso lo pondría en desventaja.  Cuanto más poderosa se vuelve una persona, tanto más obligada puede sentirse a demostrar que realmente merece ese poder.
  • La gente que actúa con clase es claramente la que puede comunicar quién es y cuál es su visión.  No se trata de lo que han hecho o harán.  Se trata de lo que pueden ver.
  • Para ser un gran comunicador se requiere de una cualidad distintiva, esta es, ser optimista.  El pesimismo no cautiva.  No sólo se trata de lo que se va a comunicar, sino cómo se piensa realizar.

(Dale Carnegie & Associates, Inc., 2015)
Compilador: Samuel Mauricio Camargo Ramírez

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