En honor a Gustavo Malagón (Q.E.P.D) | Medellín 17 de abril de 2026
No sé bien cómo poner en palabras lo que siento. Me duele profundamente su partida.
Lo conocí por ser el tío de dos grandes amigos, pero con el tiempo se convirtió en el “tío” de todos nosotros. Éramos apenas unos pelados del barrio, metaleros, llenos de sueños pero sin saber muy bien cómo construirlos… y él, ya un arquitecto con una trayectoria destacada, decidió abrirnos la puerta sin prejuicios.
Desde el primer momento fue cercano, generoso y genuino. Sin hacer ruido, nos mostró otra forma de ver la vida. Con su voz tranquila, siempre positiva, nos enseñó a confiar en nuestro potencial.
Corría el año 2001. El tío Gustavo comenzaba una nueva etapa con su empresa Xeon Technologies, que terminaría siendo clave en esta historia. Mientras tanto, en mi vida todo era incierto: estudiaba contabilidad financiera, pero cada vez me involucraba más en la escena local. Pasé de escuchar música a rodearme de artistas, asistir a sus ensayos y, casi sin darme cuenta, comenzar a representarlos (Con el desconocimiento propio de lo que significaba ser manager, enfrentándome empíricamente a ese monstruo llamado industria musical).
A mediados del 2002, mi amigo Guto Avellaneda me contó que el reconocido empresario de espectáculos en vivo en Colombia, Carlos Oñoro —a quien admiro sinceramente—, le había ofrecido una de las fechas de la gira “El Camino del Fuego” de los legendarios argentinos Rata Blanca. Guto no podía asumir el proyecto, y sin pensarlo demasiado le dije: “Espérame, yo hablo con una persona a ver si puedo hacerlo”.
Ahí nació la idea de llevar a Rata Blanca a Bucaramanga. En ese momento, solo pensarlo ya era surrealista.
Antes de hablar con el tío Gustavo, dudé. Estaba convencido de que me diría que estaba loco, pero para mi sorpresa… él estaba más loco que yo. ¡Creyó en la idea! …y así Xeon Technologies se convirtió en el patrocinador del evento.
Dentro de la propuesta, incluso le mencioné que intentaría contactar a mi amigo Elkin Ramírez (Q.E.P.D), líder de Kraken, para que nos apoyara en la promoción y, si su agenda lo permitía, nos acompañara como invitado a disfrutar el concierto.
Hay algo que nunca voy a olvidar. Un par de días antes de nuestro encuentro con Rata Blanca, Elkin me confirmó que había terminado su gira con Kraken por Venezuela e iba en camino a vernos a Bucaramanga. Pero lo que realmente me marcó fue ver a Elkin —una leyenda del rock— en el Velódromo Alfonso Flórez Ortiz, en pleno montaje técnico, a puerta cerrada, quitándose la camisa para ayudar a cargar equipos. No porque hiciera falta gente, sino por el cariño genuino que sentía por nosotros y por ese sueño que apenas comenzábamos a construir.
Con el tiempo entendí que el arte y la cultura no eran solo una pasión, sino un camino profesional. Y hoy, al mirar atrás, ese concierto —con todos sus tropiezos— revela la huella profunda que dejó en nuestras vidas.
Sin duda, el tío Gustavo fue parte fundamental de todo eso. Fue la chispa que encendió la llama. El arquitecto que, desde el anonimato, dejó como legado un concierto Historico.
Han pasado 24 años desde aquel viernes 11 de octubre de 2002, cuando Rata Blanca visitó por primera vez la ciudad bonita, ver en vivo una banda internacional de ese calibre se convirtió, durante décadas, en el punto más alto de la historia del Metal bumangués.
Hoy el tío Gustavo se ha ido y esta foto junto a Elkin tiene ahora un significado más profundo. Dos personas que ya no están fisicamente, pero que dejaron una “huella y camino” imborrable.
Gracias por tanto, tío, por creer cuando nosotros apenas empezábamos, por tu nobleza, por tu forma de ser, por todo lo que sembraste en nosotros. Tendré un concepto muy elevado de ti como persona y como profesional.
Siempre en mis recuerdos con respeto y admiración.
Hasta siempre, tío Gustavo. | Nicolás López – Storm Blaze Entertainment










